7 maneras de bajar un cambio y acercarte a una vida slow

¿Alguien más tiene la sensación de que vivimos acelerados? No es tan fácil de identificarlo, porque es una constante de nuestro día, pero lo notamos cuando paramos un segundo y disfrutamos un momento. Creo que es algo que se percibe por contraste. Suspirar y sentir gratitud.

 

Cuando estás esperando el tren y de pronto te ubicás para que el rayito de sol te de justo en la cara, cuando estás al aire libre y te sacás los zapatos para sentir el pasto con tus pies o cuando estás jugando con un niñx y perdés la noción del tiempo. Eso. Perder la noción del tiempo. ¿Acaso no es mágico? 

 

Me propuse escribir sobre vida slow, que significa, literalmente, “vida lenta”. El término se refiere a una filosofía de vida que busca desacelerar el ritmo de vida actual porque se lo considera insostenible.

 

Lo que yo me pregunto es por qué el ritmo de vida que debería salirnos natural tuvo que ser teorizado y transformado en un movimiento. ¿Tan desconectados estamos de nuestra naturaleza? 

 

Lo noto cuando logro hacer el esfuerzo (monumental) de respetar los tiempos de mis hijos, que tienen 5 y 3 años, para hacer las cosas. Y no me refiero a agilizar cuando hay que cumplir un horario o hay algo que hacer, me refiero a esas veces en que me desespero por acelerar las cosas por el solo hecho de hacerlas más rápido. ¡El apuro por el apuro no va! Y me llama la atención lo difícil que me resulta asimilar esto.

 

Carl Honoré, autor de Elogio de la Lentitud y portavoz del movimiento slow, lo explicó de manera muy simple en el podcast de Jana Fernández:

 

“La filosofía slow se puede resumir en una frase muy simple: “En lugar de hacer las cosas lo más rápido posible, tratar de hacerlo lo mejor posible”. En el fondo es una idea muy sencilla pero profundamente contracultural e inmensamente revolucionaria si la abrazamos”.

En ese mismo podcast explicaba que hay muchos factores o razones que nos llevaron a acelerar tanto nuestro ritmo de vida. Desde el acostumbramiento a una tecnología donde todo cada vez es más rápido e instantáneo que hace que lo queramos llevar a otros planos, hasta el consumismo que nos empuja a siempre querer más y más cosas. 

 

Y después están los “beneficios” de vivir a las corridas. Es que si vivimos a mil no queda mucho tiempo para hacernos las grandes preguntas, ¿no?

 

¿Quién soy?; ¿estoy viviendo la vida adecuada para mí?; ¿estoy bien de salud?; ¿estoy en el camino que quiero estar?; ¿qué quiero para mi vida? Pareciera más fácil evitar esas preguntas y llenar la agenda de distracciones que responderlas.

 

Y como consecuencia de estos pre-conceptos, la lentitud pasó a ser sinónimo de cosas muy negativas como la improductividad, la pereza y la estupidez. Entonces, cuando no damos más y sentimos la necesidad de pisar el freno, a veces no llegamos a hacerlo por culpa o por vergüenza. 

 

Si, como yo, reflexionaste un poquito y te quedaste preocupado por el ritmo con el que llevás tu vida, te propongo 7 maneras súper simples que te van a ayudar a bajar un cambio si lográs hacerlas hábitos:

 

  1. Leer: no te saltees palabras, no vale leer la última hoja, nadie te corre ni te toma prueba. Tomate tu tiempo y mirá letra por letra. 
  2. Elegí un momento del día para apagar tu celular y dejarlo lejos: no importa si son 5 minutos o 1 hora, lo que puedas. Aprovechá ese momento de desconexión con la tecnología para conectarte con otra persona o con vos mismo.
  3. Sentate a jugar: los tiempos de los chicos a los adultos ya nos parecen de otro planeta, algo se perdió y de pronto vemos el sombrero en vez de la serpiente que se comió un elefante. ¡No te desesperes! Todavía tenés tiempo para conectarte con el placer de jugar.
  4. Sacar a pasear al perro: estirar las piernas, aprovechar para hacer recorridos distintos y no siempre la vuelta a la manzana. Respetar los tiempos de tu mascota y no tironear de árbol a árbol para llegar más rápido. Es también un buen momento para dejar el celu en casa 😉
  5. Hacer manualidades: la que más te guste y con lo que tengas en casa. Conectate con tu creatividad y tu cuerpo. Requiere seguir pasos, respetar procesos. Podés aprovechar para hacer cosas que necesitás, como remendar ropa o tareas del colegio de los chicos, o hacer cosas por el simple hecho de hacerlas.
  6. Cocinar: igual que hacer manualidades (pero más rico). Cocinar implica conectarse con los tiempos de los alimentos, seguir el ritmo de cocción y respetar pasos.
  7. Reciclar o reutilizar: parar la pelota antes de seguir alimentando el consumismo que nos acelera tanto (además de colaborar con el medio ambiente, win-win).

La vida slow no es una guerra contra la velocidad, es mantener un equilibrio. En muchos casos la tecnología y la velocidad son los mejores aliados. A veces más rápido es mejor, pero no siempre.

 

Este es un llamado a la reflexión, para que miremos cómo estamos usando el tiempo y usémoslo con más sabiduría, con más humanidad.

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