El arte es cosa de valientes

Este #MartesDeArte tuve el placer de conversar con Flor Perlini, una muralista que es tan talentosa como es audaz. 

Liberarse de mandatos, emprender sin red, viajar por el mundo, subirse a andamios y desafiar la gravedad… al final es cierto cuando dicen que nadie se arrepiente de ser valiente. O al menos eso lo confirma Flor cuando relata su camino como artista.

¿Qué es eso que tenés tantas ganas de hacer pero te da tanto miedo? Seguramente después de leer esta charla retomás esa idea con una perspectiva nueva.

¿Cómo te definís como artista? ¿Me contás sobre tu camino y el proceso que te llevó a dónde estás hoy?

De chica siempre estaba dibujando. En el colegio los profesores me preguntaban si imprimir o no las pruebas para mí porque sabían que probablemente iba a ignorarlas y seguir dibujando.

En mi casa, si bien nunca me dijeron que no lo haga, el arte no estaba visto como un camino económicamente sustentable, solo como un hobby. Por lo tanto, entré y salí de muchas carreras buscando poder dibujar en alguna. Arquitectura, diseño de moda, diseño de interiores. Ninguna tenía lo que yo buscaba. Mientras tanto, trabajaba como recepcionista, secretaria, vendedora de lo que sea.

Siempre sentí que no era para mí y que tenía que haber algo más.

En un punto decidí abrir mi propio restaurante con mi pareja de ese momento. El negocio en sí, sumado a temas personales, me llevaron al punto de tanto estrés que resultaron en un antes y un después en mi vida.

A raíz de eso me di cuenta de que yo tenía que hacer lo que me gusta hacer, más allá si era socialmente aceptado o si eso me iba a dar mucho dinero.

Vendí mi parte del restaurante, empecé a tomar clases de pintura al óleo y pude explotar artísticamente todo lo que ya tenía adentro. Empecé a hacer cuadros cada vez más grandes hasta que tomé un taller de muralismo y me voló la cabeza.

Al año viajé a Europa, planeaba estar tres meses y me quedé un año. En ese año pude hacer murales, participé en festivales y conocí gente que vivía del arte. Empecé a pensar que si ellos podían yo también iba a poder. Cuando volví a Argentina (sin un peso y empezando de cero otra vez) me puse a trabajar de moza y a hacer algunos murales en simultáneo. Con el tiempo pude sostenerme solo con los murales y hoy en día vivo de ello.

Con mis murales intento mostrarles a las personas la belleza y el valor de los animales y la naturaleza. Lo importante que es cuidar a esos seres que están acá compartiendo la tierra con nosotros. Me gusta que cuando lo vean les genere alegría, emoción, ternura y conciencia. 

 

Me gusta que el impacto de la imagen sea mayor a la de un cuadro. Poder dibujar en gran formato, treparme de andamios y pintar grandes trazos sin ser tan cuidadosa como en los cuadros. Me encanta ver cómo se va armando todo como un rompecabezas. 

 

Te vi subida a andamios y moviéndote en las alturas como si nada, ¿hay algo que te de miedo de encarar un mural tan grande como esos o alguna vez sentiste miedo frente a un mural? ¿cómo lo superás?

Por lo general, lo que más nervios me da es plantar el dibujo en escalas tan grandes y que esté bien hecho. Porque si eso no está bien desde la base, todo el resto se complica. 

 

En cuanto a la altura, me divierte estar trepándome. Me siento cómoda ahí arriba, aunque no niego que si el andamio se mueve mucho, no está bien sostenido o es demasiado alto, da un poco de vértigo. 

 

Mi regla número 1 en esos casos es no mirar para abajo, respirar y solo concentrarme en la pintura, los colores y en el pedazo de pared que estoy haciendo.

 

¿Cuál fue el mural más significativo para vos? ¿por qué?

 

Fue uno de dos leopardos gigantes rodeados de plantas que hice en el barrio de Flores. Fue el primer mural tan grande que hice, fue un total desafío para mí. 

 

Me acuerdo del miedo que tenía antes de empezarlo, dudaba mucho de si era capaz y casi me tiro para atrás. Con ese mural me di cuenta que podía hacer murales realmente grandes y que quedaban aún mejor que los más chicos. 

 

Por suerte los dueños de la pared me dejaron crear libremente, por lo tanto, todo el proceso lo disfruté muchísimo y el resultado fue realmente bueno. Hasta el día de hoy es uno de mis favoritos

¿En qué te inspiraste para intervenir el frasco de beepure? ¿Adónde te llevó la consigna “compartir es natural”?

 

Mi inspiración fue la naturaleza y el amor más allá de la diferencia. En la imagen conviven un tigre, un ciervo, las estrellas, las luciérnagas y alguna que otra libélula. Entre todos generan una escena de armonía, todos están compartiendo ese momento. 

 

El tigre y el ciervo son dos especies difíciles de imaginar juntas, sin embargo, hubo casos donde los felinos adoptan a los bebés de sus presas en vez de comérselos, ese fue el puntapié para estos dos personajes principales. 

 

La naturaleza nos muestra constantemente cómo compartir es lo natural. Nada en la tierra, ni en nuestra sociedad, puede funcionar sin la ayuda de otro, cada ser comparte una parte de sí para el bien común.

Volvamos al inicio: ¿qué es eso que tenés tantas ganas de hacer pero te da tanto miedo? ¿Me prometés que lo vas a repensar?

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