Vero Gatti: “Si sentiste magia cuando lo estabas haciendo, después pasa algo cuando el otro lo ve”

Para vos, ¿qué tan cierto es el dicho de que una imagen vale más que mil palabras?

Si admirás el laburo de Vero Gatti como yo, seguramente alguna vez una ilustración de ella te haya flechado el alma. 

Es que sí, ¿cómo no? Algunos trazos y unas gotas de color pueden tener un impacto mucho más fuerte que muchas otras formas de expresión.

Seguramente tengas una imagen en mente que te hayas guardado de fondo de pantalla o colgado en un cuadrito en tu casa o pegado en algún cuaderno.

Y como su obra siempre nos gana por knock-out, la convocamos para que interviniera un frasco BEEPURE partiendo del concepto “compartir es natural”.

Pero antes de mostrarte el 360º que vas a poder encontrar al final de esta nota, te invito a leer esta entrevista que habla sobre magia, sobre sueños, sobre cómo estamos todos conectados y que seguramente te deje pensando en qué momento dejaste de dibujar.

Si me define algo como artista es el buscar la expresión genuina en las cosas. Busco comunicar algo a través de una forma mágica de decir lo que tengo para decir. Metáforas visuales que aporten algo, que generen una emoción, que te conecten con una parte más sensitiva. 

“Magia” y “sueños” son dos palabras que aparecen todo el tiempo cuando leés sobre Vero Gatti. ¿Qué representan para vos?

Para mí, la magia es ese espacio que hay entre lo que hacés y  lo que genera en el otro. Eso que queda en el medio. Eso que genera algo, una emoción en el otro, que hace que no pase desapercibido. Que venga a pinchar o a sanar a alguien. La magia es el detalle, lo sutil de las imágenes. 

Porque si sentiste magia cuando lo estabas haciendo, después pasa algo cuando la persona lo ve. 

Siempre me definí como inventora de mundos. Con Guido Ferro (@holaguidoferro) damos un taller hace varios años que se llama “Inventores de mundos” en el que se crea un planeta desde cero. Es una lógica de funcionamiento aplicada a la creación de un mundo que pertenece a la obra y después cobra vida propia. Le da un inicio y empieza a crecer, aparece un mundo que te trasciende a vos como esa mano que lo está haciendo. Hay veces que estás dibujando algo y es imposible no ponerle sombrerito a un personaje, por ejemplo; te lo dice la misma ilustración. Si vos creaste ese mundo, tiene vida.

 

A veces me pasa que cuando veo algo terminado pienso “¿De dónde salió esto?”. Después de tantos años de ilustrar, me fui educando para que eso pase. Hay una magia en el momento de hacer que hay que generarla porque a veces no está. 

¿Y con respecto a los sueños?

Soy una adicta a cumplir mis sueños. Trato realmente de buscar concretar las cosas que tengo ganas de hacer. Es algo que tengo muy presente y que me va rigiendo mucho hacia dónde ir. Es estar conectada con lo que quiero y lo que tengo ganas de hacer, hacer todo lo posible para que eso pase.

 

Obviamente, me frustro si las cosas no salen pero tengo bastante entrenado el volver a empezar. También es cierto que nunca me pasó de soñar cosas que eran tan imposibles. No quiero dar el mensaje de que es mágico porque la realidad es que estoy llena de privilegios, 

 

Me angustio pero no me dejo estar tanto en ese estado. Una vez que te entrenás en el acto de prueba y error, sabés que cuando salís de ese lugar de autoflagelo y lográs conectar con algo más positivo, terminan saliendo más las cosas. Entonces trato de salir de ahí, no me quedo en el barro mucho tiempo. Soy muy de hacer. 

 

Te pongo un ejemplo. Nos estábamos por ir a un viaje de 6 meses y cayó la pandemia. Y bueno, es la vida, ¿qué voy a hacer? No me iba a quedar llorando en mi casa. Hice otra cosa mientras tanto. Sí, fue un garrón, pero se transformó el viaje, se dio así, y estoy agradecida con el resultado. 

 

Para mí es una negociación entre la fantasía y la realidad. Tengo un pie en la tierra y otro pie en las nubes, todo el tiempo se van integrando.

 

Eso mismo lo veo en el trabajo que hago desde Magia Estudio; son proyectos a tierra pero también tienen un componente de magia presente porque si no, no podrían ser. 

 

¿Qué conexión hay entre tu oficio, tu arte y tu niña interior? ¿Cuál es la diferencia entre el sentarte a dibujar cuando eras chica y hoy?

En mi caso no hay separación porque está todo en la misma línea de tiempo. La nena que dibujaba y que dibuja ahora es la misma.

 

El tema es cuando descubrís que eso puede ser un trabajo. Ahí está el gran cambio, con todo lo bueno y lo malo de eso. 

 

Nunca dejé de dibujar, entonces no hay una diferenciación. Lo digo mucho en los talleres, todos de chicos dibujábamos. Uno dibuja como cuando dejó de dibujar. A mí me flashea pensar que, en mi caso, mi mano derecha siguió dibujando y mi mano izquierda no. Si dibujo con mi mano izquierda dibujo como una nena de 8 o 5 años. A veces lo hago a propósito, es muy lindo eso de no tener tanto control de las formas. 

 

El tema es en qué momento dejamos de hacerlo. Hay algo ahí. ¿En algún momento te frustrás? ¿O es algo que te dicen? No sé qué pasa que la mayoría de la gente deja de dibujar en un momento dado. ¿Será que encuentran otra forma de seguir explorando eso? 

 

Para mí dibujar es muy placentero. Lo veo como un súper poder, el poder agarrar un lápiz y darle vida a algo. Es materializar, hacer visible una idea, es hermoso y muy placentero. 

 

¿Tiene que ver con compartir eso que vos ves en tu cabeza con el otro?

Sí, totalmente. Mi primer libro, “Regalitos Semanales”, surgió porque les mandaba a mis amigas por mail pensamientos con imágenes que encontraba. El asunto siempre era “Regalito semanal”. Era eso, compartir una sensación, un pensamiento, algo. Después empecé a hacerlos yo. Y después los empecé a compartir, y a partir de eso noté cómo la gente los compartía y se empezaron a viralizar. Ahí publiqué mi primer libro cuyas hojas justamente se pueden cortar para compartir. 

El compartir está mucho en función de lo que hago. Tiene que estar el otro, no es algo que me guste hacer para que quede cerrado en un cuarto. Siempre está el otro en eso que hago.

¿En qué te inspiraste para intervenir el frasco?

 

Es muy distinto a lo que hago, hace mucho que no salgo de lo digital y me encanta agarrar un pincel. Me frustré un poco al principio, arranqué sin mucho rumbo y empecé a hacer algo que tenía ganas de hacer. 

 

Siempre le digo a mis alumnos que cuando uno está trabado con algo hay que arrancar por un lugar que a uno lo haga feliz o le guste, y después viene lo que tenés que hacer. Así que empecé a hacer manchas de colores, me vibró por ahí. Y de a poco empezó a construirse. 

 

La idea es muy simple: todos somos partes de lo mismo. Si te fijás, está todo conectado. El pelo de la chica se convierte en una montaña, intenté hacer eso de compartir lo que somos y este mundo del que somos parte. Podemos encontrarle mil asociaciones, como cuidar el mundo, cuidarnos entre nosotros, ser todos parte de un mismo río.

Es un frasco muy chiquito que te deja hipnotizado un buen rato. ¡Gracias, Vero, por regalarnos un pedacito de tu magia y tus sueños! Todo lo que hablamos lo sentí cuando vi esta ilus y, como compartir es natural, no quería dejar de incluirla como cierre a esta charla hermosa <3

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