Mati Pinasco: “Un deseo tan fuerte que me sentí obligado a no darle la espalda”

¿Escuchaste alguna vez la expresión “la oportunidad hace al artista”? ¿No? Bueno, es porque la acabo de inventar. Es que así fue como un publicista disfrutando de un relajante momento sabático terminó convirtiéndose en artista.

Hace diez años, Matías Pinasco había decidido dejar su carrera en el mundo de la publicidad para viajar por el mundo. Su aventura lo había llevado hasta las playas de Costa Rica, donde se había reinventado como fotógrafo y surfista. El destino que había elegido para unas vacaciones de un mes se transformó en su hogar durante 5 años y, justo cuando el mar parecía calmo y estático, un cambio en la marea dio vuelta todo. 

Una noche, al volver a su casa, Matías encontró que le habían robado todo lo que tenía. No solo sus ahorros y documentos, sino también sus herramientas de trabajo.

“Yo sacaba fotos y escribía un montón. Cuando me robaron todo se llevaron la cámara y la computadora. No tenía nada como para sacar un poco la bronca, la frustración de ese momento y la necesidad artística que tuve toda la vida. Ahí fue que agarré una madera y me puse a dibujar. Y después agarré mi tabla de surf, y después otra tabla y así sucesivamente”.

¿Ahora entendés cuando te digo que “la oportunidad hace al artista”? Desde entonces Mati se reinventó.

Como en BEEPURE nos inspiran los valientes que saltan sin red, lo convocamos para que intervenga uno de nuestros frascos bajo el concepto “compartir es natural” en el marco de #MartesDeArte.

¿Cómo te definís como artista?

 

Inquieto. Súper inquieto No me gusta encasillarme en un estilo o en un medio. Siempre fui así. Cuando arranqué con el arte todo el mundo me decía que estaría bueno tener algo que me identifique. Algo por lo que la gente me reconozca. Eso me aburría. 

 

Siempre hice cosas distintas. Hoy salto de los murales a los cuadros, de los cuadros a hacer cosas digitales, de los digitales a hacer NFTs. Estoy todo el tiempo dando vueltas por todos lados. 

Tus inicios en el mundo del arte fueron muy accidentados, pero además de eso, fueron el resultado de una serie de decisiones que tenían que ver con salir de tu zona de confort. Con retrospectiva, cuando diste esos saltos, ¿te viste de alguna manera obligado a hacerlo o fue más bien un deseo?

Fue un poco las dos cosas. Tenía un deseo tan fuerte que me sentí obligado a no darle la espalda. No iba a poder estar tranquilo conmigo mismo.

Siempre fui inquieto en la búsqueda de probar cosas nuevas. Se fue gestando muy de a poquito. Pequeñas cosas que se fueron sumando. 

Fueron varios días de pensar “yo no quiero más esto”. Pero viste que después te olvidas… volvés a la rutina porque necesitás seguir. Pero me empezó a pasar cada vez más seguido, hasta que en un momento dije “hasta acá, basta”. 

Volvía del laburo manejando con una bronca, se me caía una lágrima del enojo que tenía y pensé que no podía seguir viviendo así. En ese entonces tenía 30 años más o menos, y ahí planteé un cambio, planteé irme a vivir a Bariloche, vendí mis cosas y cuando ya había dejado casi todo erupcionó un volcán en Chile y el sur de Argentina se llenó de cenizas. En Bariloche no había laburo, no había temporada de invierno. Pensé, “¿qué hago ahora?”. Ahí es cuando decidí irme a Centro América. Caí en Costa Rica y me enamoré del lugar. Mi llegada fue bastante compleja porque salió todo mal. No lo planeé tanto, fue surgiendo a medida que iba saliendo. Iba a quedarme un mes, pero me busqué un laburo y me quedé 5 años. 

En tu experiencia, ¿qué es lo más difícil de reinventarse?

Para mí es el primer paso. Ese de soltarte un poquitito, incluye liberar los miedos o encararlos y dar ese primer paso. Arranca por ahí. Después hay un componente atrás de esa inversión que es tener ganas, ser inquieto, tener sed de buscar cosas nuevas y de salir de la zona de confort.

¿Y qué es lo más gratificante?

Creo que fue el verme a mí mismo capaz. Darme cuenta de que lo podía hacer y lo podía hacer relativamente bien (bajo mis estándares y no los del resto). Entender que puedo hacer algo que me gusta y que no sabía que podía hacer. Esa satisfacción de decir sí puedo. Y eso me da fuerza para encarar nuevas cosas. 

De tanto reinventarte ya es como un modo de vida… ¿cada vez te da menos miedo ese primer paso?

Un poco sí. Pero creo que cada nuevo desafío es nuevo y diferente y trae nuevos miedos. No es cuestión de un copy-paste. Suelto un poco más rápido ciertas cosas, o puedo encarar los cambios un poquito más rápido, pero no es que se me hace simple. Como me gusta hacer cosas distintas, los miedos o dificultades que se me presentan siempre son diferentes. 

Cuando encarás algo nuevo hay un proceso enorme de frustración en el medio y eso no es fácil de soltar. Pero de todas maneras soy tan inquieto que lo quiero hacer igual. 

Mati y Loli Roberts, otra artista que convocamos para #MartesDeArte, son pareja, viven juntos, se dedican a lo mismo y hasta tienen un emprendimiento en común. ¿Cómo se potencian desde lo artístico como dupla?

Nos re potenciamos porque tenemos dos estilos diferentes, los dos somos súper adaptables y siempre nos encontramos en un lugar medio. Yo aprendo un montón de ella, ella sabe muchísimo. 

La cosa es que hacíamos murales por separado y nos ayudábamos todo el tiempo, hasta que un día decidimos juntar nuestra energía en un lugar común. Y ahí nació Papaia.

Loli es una artista muy adaptable, muy talentosa, y eso nos permite tomar diferentes estilos de murales para hacer; tomamos nuestros dos estilos, los mezclamos, y sale algo que a los dos nos gusta. 

 

¿En qué te inspiraste para intervenir el frasco de BEEPURE?

Yo asocié la consigna “compartir es natural” con compartir con la naturaleza y ser parte. Esa unión que tenemos con todo lo que nos rodea. En mi caso se genera con el mar. Estando ahí adentro, arriba de la tabla y flotando. Yendo con el movimiento de las olas.

Si hay algo que me deja picando (o flotando) en la cabeza después de esta charla con Mati es cuántas veces nadamos en contra de la corriente o nos empecinamos con una idea cuando podríamos estar fluyendo con el mar y dejándonos sorprender con las bellas oportunidades de la vida. 

Muchas veces, la respuesta está ahí frente a nosotros, es solo cuestión de conectarte con el presente y escuchar las señales que te rodean.

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