Ro Martez: “Mi camino como artista se refugia en el movimiento”

Para esta nueva edición de Martes De Arte convocamos a Ro Martez, una artista (felina) a la que elige no definirse.

Definir y artista son dos palabras que abren mundos en mí muy particulares. Por un lado, porque al definir siento que, en este caso, lo limita. Creo que mi camino como artista se refugia en el movimiento, en la construcción y en el aprendizaje constante. 

Son esas inquietudes las que la llevan a estar siempre en movimiento y saltando de una disciplina artística a otra.

Ser artista creo que es parte de tomar consciencia de aquello que estás creando constantemente sobre tu propia existencia (junto con otros) y, en mi caso, elijo hacerlo desde el arte en sus variadas disciplinas que es lo que más placer me da. Trato de transmitir y potenciar eso que me atraviesa. Puede ser un color, un espacio, algo que observo, siento…Lo que me gusta profundizar me inspira y despierta lo desconocido. Desde la simpleza de los días comunes. 

Soy muy curiosa, observadora, me gusta aprender de lo que nos rodea y transformarme con eso. 

Conocerme más a mí y al mundo que habitamos a través de los sentidos me parece algo atractivo. Hacer el pasaje al arte, ¡ni te cuento! 

 

Ro tiene una serie de ilustraciones que parten de la vida cotidiana, un ejercicio que la lleva por el camino de hacer el pasaje de la realidad al arte.

Esa serie la inicié un día que colgaba la ropa en la terraza, una tarde de sol y pensé “qué hermosa sensación es esta, y la estoy viviendo sola. Quiero compartirla” entonces la dibujé. Así nacieron varias más, dónde me encuentro realizando actividades simples, del día a día, que quizás son las que más dejamos pasar por alto y, en definitiva, son las que más hacemos. 

 

No hace falta tener una idea grandiosa u original para agarrar una hoja y ponerse a dibujar. En ese sentido, lo cotidiano me recuerda al estado de presencia que también habito desde las artes dramáticas (mi otra pasión). Estar. Respirar. Pulsar. Estoy siempre probando, investigando, buscando y encontrando modos de trasladar eso que nos pasa en el/por el cuerpo al mundo del arte visual. En esos intentos y abrazando los procesos creo que está gran parte de lo lindo de la vida.

 

Además de ser ilustradora, formás parte de varios proyectos colectivos. ¿Me contás sobre ellos y por qué te sumaste?

 

Son colectivos que giran con temática dibujo e ilustración pero a su vez, súper distintos. Por un lado está la propuesta de “Dibujo de Noche – Noche de dibujo” que hacemos junto a un centro cultural todos los últimos domingos de cada mes y consiste en ir a dibujar, tomar algo, conocer gente y pasar un lindo rato con consignas varias de dibujo que preparo yo para cada evento. Mi rol ahí es coordinar y compartir con la gente que llega, es una actividad muy masiva dónde disfruto mucho el clima que se genera y de la gente que se puede llegar a conocer. 

 

Por otro lado, está el colectivo de “Felices Siestas” que somos 8 dibujantes amigos que compartimos tardes y noches dibujando, propuestas, ferias y nos acompañamos en nuestros proyectos personales. 

 

Y también los talleres de dibujo y creatividad “Expresar con imágenes” que se realizan en mi estudio. Lo iniciamos este año con una compañera que también ilustra. Los grupos tanto de jóvenes adultos como el de niños son un sueño. El trabajo como ilustradora puede recaer en una labor muy solitaria, más allá de lo placentera que puede resultar, es necesario el trabajo en equipo e intercambio con personas que estén en el ambiente. Es por eso que me gusta integrar y habitar las propuestas colectivas, siempre potencian y expanden lo creativo. Los roles afectivos, la amistad, la cercanía, el amor y el sostén de las personas que nos rodean son claves para volver los días más livianos.

 

Dejar huella poética de ese recorrido temporal, y compartirlo con los demás, me entusiasma, motiva y apasiona siempre. 

 

Leí que a veces te sentís “Una gran felina vulnerable. Que fluye”. ¿Cómo es el proceso de encontrar un personaje o imagen que te represente? 

En mi vida los felinos son una constante que me acompaña desde muy chiquita.Me atraen por su aspecto, potencia, cualidades, los movimientos…no sabría explicarlo mucho con palabras. Pero creo que viene por esa curiosidad de la cual hablaba antes que me caracteriza. Son animales muy curiosos.  También los límites que pueden poner y cómo administran la energía para poder vivir mejor. 

El chita es en especial el felino que tomo de referencia para representarme porque admiro su pelaje y las lágrimas negras que tiene debajo de los ojos. 

 

Felina vulnerable, porque creo que hay algo de esa firmeza y decisión que se abre y genera apertura cuando uno se “deja ver”. “Dejar ver” no es lo mismo que mostrar.

 

En el arte me gusta ir a esos lugares más vulnerables personales, creo que eso también hace que sea un refugio de muchas sensaciones. 

 

El fluir lo vinculo con los acontecimientos que suceden, que más allá de mi organización, disciplina y planificación está la vida misma. Y en esos proyectos me encuentro fluyendo. A veces me imagino como esa felina nadando, literal, en el agua. Tranquila, a veces saliendo a superficie, a veces revolcada por olas, haciendo una plancha, a veces llegando a orilla o en el medio de las profundidades…

 

¿En qué te inspiraste para intervenir el frasco?

Me inspiré en la naturaleza, con el chita y las paletas de colores que dan todas las flores que tanto amo. Las plantas en general son fieles amigas en mis ilustraciones pero también en mi vida diaria. Me inspiré también en el aroma de las flores y en la energía transformadora que tienen las plantas, pensé en agradecimiento y en regalos florales. 

 

Cuando me encuentro muy “mental” o agotada, suelo recurrir a la naturaleza. Es un gran cable a tierra. También un abrazo, claro. En este caso me gustó la idea de transmitir esa sensación de tranquilidad al momento de percibir aromas, colores y poder compartirlo con demás personas.

La charla con Ro me dejó pensando cómo la curiosidad puede ser un motor tan potente que nos puede llevar muy lejos, tan profundo como los caminos del autoconocimiento. Uno elige hasta dónde quiere dejarse llevar. 

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